La tristeza que la sociedad no quiere ver
Vivimos en una sociedad que nos exige sonreír incluso cuando no podemos con nuestra alma. Nos enseñaron que la tristeza incomoda… que estorba… que es mejor esconderla. Como si sentir fuera un defecto. Como si mostrarnos vulnerables nos volviera menos valiosos. Y así crecemos: intentando que nada se note, apretando los dientes, evitando llorar, porque alguien, en algún momento, nos dijo que “hay que ser fuertes”. Como si ser fuerte fuera lo mismo que no sentir. La verdad es que esta idea de “estar siempre bien” nos está enfermando. Nos desconecta de lo que nos duele. Nos hace cargar emociones que nunca se sueltan. Nos vuelve expertos en fingir… pero principiantes en escucharnos. La sociedad idolatra la felicidad. La vende, la maquilla, la impone. Y todo lo que no encaja en ese molde - la tristeza, el miedo, la frustración - lo esconde debajo de la alfombra como si negarlo fuera una solución. Pero no desaparece. Se acumula. Se clava. Pesa. Y cuando la emocionalidad...